Nueva investigación de Igualdad Animal muestra la matanza de perros por su piel en China

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Voiceless Friends

A la vista de la impactante investigación en mataderos y comercios de carne de perro, presentada por la organización de derechos animales Igualdad Animal, he podido comprobar la tortura física y psicológica a la que son sometidos estos animales que alcanza límites difíciles de asimilar.

Más de 10 millones de perros y 4 millones de gatos son matados cada año por su carne y piel en China, esta crueldad no está en absoluto justificada.

Somos millones de personas las que consideramos inaceptable la masacre de perros y gatos tanto para consumo humano como para el comercio de pieles, y desde aquí solicito al Gobierno chino para erradicar del país esta cruenta actividad, totalmente ajena a la ética y compasión más elementales.

Atentamente,

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Día 4

Matadero de perros (a 3 minutos andando del centro de confinamiento de perros) Condado de Sui Xi, Ciudad de Zhanjiang

Durante mi visita, vi tres trabajadores en las instalaciones.

Había alrededor de 100 perros vivos en las instalaciones, dentro del edificio.

Como el matadero estaba situado dentro de un edificio y bajo tierra, tuvimos que bajar varias escaleras para entrar. El lugar estaba realmente mal iluminado y muy húmedo. Había un serio problema con los desagües y el suelo estaba inundado de agua acumulada y el agua que goteaba de un grifo para lavar la sangre de los perros que habían sido acuchillados.

El lugar estaba sorprendentemente tranquilo, y el único sonido venía de los lamentos y los gemidos de los perros, que eran aprisionados por unas tenazas, arrastrados por el suelo y golpeados hasta la muerte con palos. Algunos eran apaleados hasta que estaban inconscientes, les golpeaban con los palos sobre la zona nasal, muy sensible al dolor. Los trabajadores no mostraban ningún signo de compasión por los animales, a los que trataban con dureza, les daban puñetazos y patadas a lo largo de toda la habitación antes de ser asesinados. Los trabajadores bromeaban, sonreían o se mostraban impasibles mientras descuartizaban perros aún vivos y respirando justo delante de otros perros moribundos entre las montañas de cuerpos en el suelo.

Me di cuenta de que algunos perros trataban de defenderse de los trabajadores pero sus esfuerzos eran siempre en vano. No había escape. Al menos dos de los trabajadores estaban presentes en cada momento; uno cogía a los perros de las jaulas, el otro apaleaba y acuchillaba a los animales.

Cada víctima era primero sujetada por la garganta mediante unas tenazas. Si intentaban resistirse ladrando o mostrando sus dientes, uno de los trabajadores presionaba más las tenazas para apretar más su sujeción sobre el animal. Otro trabajador golpeaba la nariz de los perros con un palo. Este hombre sabía cómo hacerlo, ya que conocía con precisión las partes más sensibles de la anatomía de un perro. Los perros estaban medio conscientes cuando les rajaban la garganta con un largo cuchillo y los tiraban medio metro más allá donde iban a ser hervidos.

Vi perros encogidos del miedo en sus minúsculas jaulas metálicas en el suelo, con una vista completa del área donde otros perros eran sacados de sus jaulas y asesinados. Los perros enjaulados podían también ver los cadáveres de perros muertos en el suelo. Les forzaban a ver morir a sus compañeros mientras a ellos les esperaba el mismo destino.

Durante la visita, alrededor de la mitad de los perros eran golpeados sin llegar a dejarlos inconscientes inmediatamente, y después eran colgados mientras aún se agitaban.

Todavía tengo visiones de estos animales agitándose en agonía mientras eran colgados y acuchillados. Nunca olvidaré el horror en sus ojos. Y yo no podía hacer nada para ayudarles. Todo lo que podía hacer era grabar los hechos para que tanta gente como sea posible sea testigo del destino de estos animales y pueda hablar en contra de su abuso.

Estos individuos eran unos pocos de los cientos de miles de millones de víctimas anuales de la industria de la carne; sin embargo su miedo era abrumador para mí. Estaba claro que no querían más que abandonar ese agujero infernal.

Ellos soportaron lo que toda víctima de la industria de la carne soporta: privación de libertad, degradación, mutilación y finalmente la pérdida de lo más valioso que tienen: su vida.

 

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