Nueva investigación de Igualdad Animal muestra la matanza de perros por su piel en China

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Voiceless Friends

A la vista de la impactante investigación en mataderos y comercios de carne de perro, presentada por la organización de derechos animales Igualdad Animal, he podido comprobar la tortura física y psicológica a la que son sometidos estos animales que alcanza límites difíciles de asimilar.

Más de 10 millones de perros y 4 millones de gatos son matados cada año por su carne y piel en China, esta crueldad no está en absoluto justificada.

Somos millones de personas las que consideramos inaceptable la masacre de perros y gatos tanto para consumo humano como para el comercio de pieles, y desde aquí solicito al Gobierno chino para erradicar del país esta cruenta actividad, totalmente ajena a la ética y compasión más elementales.

Atentamente,

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Día 5 (DOMINGO 21 ABRIL 2013)

Dali-Nanhai District Foshan City Guangdong Province-Guijiang Three Birds Trading Market
Mercado de Three Birds Trading Market, Nanhai

Son alrededor de las 2 de la noche. Entramos en el mercado acompañados de un activista local y tratando de que los guardias de seguridad no se fijen en nosotros. Los occidentales llamamos la atención en todos los sitios a los que vayamos. En la entrada un cartel recuerda que no se puede entrar con cámaras. Los tres llevamos cámaras ocultas con nosotros y tenemos la determinación de grabar cómo descargan a los perros y gatos de los camiones en que los transportan. Cada noche llegan a este mercado varios camiones de gran tamaño cargados con cientos de perros y gatos provenientes de otras regiones de China. Algunos de estos animales han viajado durante más de veinticuatro horas por miles de kilómetros, sin comer ni beber y asustados. Los trabajadores del mercado se agolpan alrededor de un camión y nosotros nos metemos entre ellos con naturalidad. Sonreimos e incluso pronunciamos algunas pocas palabras en chino. Los trabajadores, apurados por las prisas, nos ignoran y permiten presenciar su trabajo.

En un momento uno de nosotros se mete en el chenil donde están todos los perros y graba desde dentro la descarga de los animales. Los animales son lanzados con fuerza y, a pesar de sus heridas y mal estado, ninguno ladra. Suponemos que es por el miedo o porque, quizás, les hayan cortado las cuerdas vocales. Ya tenemos las imágenes que queríamos.

Al cabo de media hora aparecen los vigilantes de seguridad y nos increpan. Quieren saber si llevamos cámaras con nosotros. Nuestro contacto local habla con ellos y mientras tanto nosotros los ignoramos y tratamos de actuar con normalidad. Son momentos de gran tensión pues estamos totalmente rodeados por estos tipos. Ellos ganan grandes cantidades de dinero con este negocio y saben que hay personas, como nosotros, que tratan de acabar con todo ello. Quizás estén ahora mismo valorando si no somos nosotros también de ese tipo de gente. Decidimos irnos antes de que la situación se complique aún más.